En un artículo anterior explicaba qué era un nivelador y en otro como puede facilitar enormemente el montaje de escaleras prefabricadas. Sin embargo, limitar su utilización a este tipo de piezas sería desaprovechar una herramienta con un enorme potencial dentro de la construcción industrializada.
Cada día los montadores se enfrentan a situaciones que, sobre el plano, parecen sencillas, pero que en la obra se convierten en auténticos quebraderos de cabeza.
Una pieza que llega ligeramente inclinada.
Un centro de gravedad mal calculado.
Un anclaje de elevación desplazado unos centímetros.
Una pieza que debe colocarse con una inclinación muy concreta.
Ninguno de estos problemas suele impedir el montaje, pero todos tienen algo en común: hacen perder tiempo, aumentan el riesgo durante la maniobra y obligan al equipo de montaje a improvisar soluciones.
Y cuando en la obra empieza la improvisación, normalmente disminuyen la seguridad y la productividad.










